El amor y sus verdades

 El lenguaje del alma es el amor;
el de la mente, la lógica.

¿Cómo podría actuar sin amor?
Y, sin embargo, mucha gente lo hace.

¿Cómo podría amar sin razón?
Y, sin embargo, muchos lo sufren.

Amar y pensar van de la mano,
¿quién dijo que hay que separarlos?

Lágrimas

Cuando llorar no resuelve nada,
el alma se rompe y se siembra en la tristeza,
allí donde a veces no hay salida,
donde crece la soledad y el silencio.

¿De qué sirve recordar si nada cambiará?
Tantas historias cargadas de amargura y dulzor,
y, al final, ¿qué pesa más?
Solo tú sabes lo que compras en tu corazón.

Duele, ¿y qué?
Nadie ha muerto por aceptar lo que pasó.
Duele, ¿y qué?
Nadie ha muerto más que tú por tu dolor.
Porque arrastras y no sueltas lo que ayer te hirió.

Cuando llorar no resuelve nada,
un mar de pensamientos te hace zozobrar.
¿Vas a hundirte? ¿te quebrarás?
Tantas historias cargadas de amargura y dulzor,
y, al final, ¿con qué decoras tu corazón?

Duele, ¿y qué?
Nadie ha muerto por aceptar lo que pasó.
Duele, ¿y qué?
Nadie ha muerto más que tú por tu dolor.
Porque arrastras y no sueltas lo que ayer te hirió.

Vendiendo las estrellas

Yo soy un humilde carpintero,
al que lo han buscado para construir un sueño.
Me dijeron: «Quiero que me hagas una torre 
que suba a las estrellas para yo poder tomarlas 
y regalárselas a mi doncella».

Al oír aquello, me dije yo:
«¿quién podría cumplir esa tarea?».
Si cualquiera pudiera,
entonces todo el mundo lo haría sin problemas.
Si estuviera en mi poder,
no solo la torre construyera,
sino que me haría rico vendiendo las estrellas.

Pero no fui muy justo que digamos.
Pensé que estaba loco el hombre que vino con el recado y,
hablando por hablar, le dije que yo puedo y lo he timado.

Le dije que sí y no sé qué voy a hacer.
¿Dónde encontraré madera alguna que llegue al cielo?
Solo con tal cosa yo podría alcanzar las estrellas,
y las traería entre mis brazos para venderlas como prendas.

Si les soy sincero, 
no sé cómo me las arreglaré.
Pues no sé dónde compraré aquello que necesito.
He tomado mi martillo, los maderos y cuanto utilizo,
y por más que me afano, 
no alcanzo las estrellas,
tan hermosas y pequeñas,
tan grandes y bellas.
Todas ellas, preciosas,
como luceros que vuelan.

Si me dejo de poesías,
les seré muy sincero.
Ya no sé qué voy a hacer ni qué le diré a este señor.
Que piensa y fantasea con que le construyo una torre,  
una escala soberbia que vencerá al horizonte.

No siempre podemos cumplir lo que prometemos.
Y, a lo mejor, si yo intentara, fallaría de nuevo.
Pero el loco me dio pena y no quise importunarlo:
le dije que podía, aunque sabía que era un fiasco.

Yo soy el carpintero que vende las estrellas.
 El día que las alcance, me haré dueño de ellas.

Tiempo a solas

Momentos que pasan y nunca regresan.
Memorias de días que caen al olvido.
Recuerdos que duelen,
que sangran y enferman,
te encuentras a solas cuando estás contigo.

¿Qué árbol se cura sin sanar las heridas?
¿Qué piel cicatriza si supura dolor?
¿Qué alma se alegra si carga tristeza?
¿Qué risa perdura ante una tragedia?

El tiempo, al tiempo, se olvida a sí mismo,
y el dolor se apaga como vela ante el agua.
Y si, al dormir, a veces no reposa,
al final, por cansancio, cae al olvido.

¿Al olvido de qué, si ya no sonríe?
¿Al peligro de qué, si no teme morir?
Es que cae al vacío donde ya nada duele,
y en el fondo se topa con una cuestión.

Subir o quedarse,
sanar o llorar,
perdonar u olvidar, esa es la cuestión.
En ese tiempo a solas, donde solo te encuentras,
te verás al espejo, te guste o te duela.

Yo soy

 Yo soy lo que soy
aunque me guste o me duela.

Yo soy el río que fluye,
el mar que refresca,
el frío que apacigua
o el fuego que quema.

Yo soy lo que soy,
lo que decido ser.

Yo siento, 
yo estoy presente,
aquí y ahora.

LLuvia

Llueve, y así mismo duele,
ese momento en que termina una historia.
Y, aunque quieras que se alargue,
más rápido se acorta hasta que al fin se termina.

Llueve, y así mismo corre,
el diluvio de pensamientos 
que atesora el pasado.
Una memoria que no florecerá.

Llueve, y así mismo fecunda,
la tierra del deseo de un mejor mañana,
pues donde queda el adiós
siempre inicia un comienzo.

La jaula abierta

La causa de la riqueza es la abundancia,
el pensamiento que libera la mente al andar.

Ay, qué pobre es el alma que espera algún cambio,
haciendo lo mismo sin abrirse a cambiar.

Busca la puerta en la jaula abierta,
que es casa de tu alma atada a vivir,
a crecer y morir un día cualquiera,
y el ánimo que tengas
sujeto a tu decisión.

La causa de la riqueza es la mente dispuesta,
aquella que sale y cuenta las estrellas.

Será diferente

«Esta vez será diferente», se dijo,
Y lo abrazó mientras la duda la quemaba.

Tiempo después se miró al espejo.
De aquello no quedó
Ni recuerdo ni palabras.

No moriré

 No moriré, aunque mañana me olviden y sepulten mi cuerpo y mi voz desaparezca. No moriré, aunque el mundo continúe y los afanes alejen a lo...